Hemorragia intracraneal





Aunque el encéfalo esta amortiguado por el liquido cefalorraquídeo que lo rodea en el espacio subaracnoideo, cualquier hemorragia importante dentro del cráneo relativamente rígido finalmente ejercerá presión sobre el encéfalo. La hemorragia intracraneal puede ser resultado de un traumatismo o de lesiones vasculares cerebrales. Aquí se considerarán cuatro variedades: (1) epidural, (2) subdural, (3) subaracnoidea y (4) cerebral.

La hemorragia epidural (extradural) es consecuencia de lesiones de las arterias o las venas meníngeas. La división anterior de la arteria meníngea media es la arteria que por lo común resulta dañada. Un golpe comparativamente más suave en un costado de la cabeza, que produce una fractura de cráneo en la región de la porción anteroinferior del hueso parietal, puede seccionar la arteria. La lesión arterial o venosa es especialmente probable si los vasos entran en un conducto óseo en esta región. Se produce el sangrado y se desprende la capa de duramadre de la cara interna del cráneo. La presión intracraneal se eleva y el coágulo en expansión ejerce presión local sobre la circunvolución o giro precentral (área motora) subyacente. La sangre también puede pasar lateralmente a través de la línea de fractura para formar una tumefacción blanda a un costado de la cabeza. Para detener la hemorragia debe ligarse o taponarse la arteria desgarrada. La trepanación del cráneo se realiza aproximadamente 4 cm por encima del punto medio del arco cigomático.

La hemorragia subdural es resultado del desgarro de las venas cerebrales superiores donde ingresan en el seno sagital superior. Por lo general la causa es un golpe en la parte anterior o posterior de la cabeza que produce un desplazamiento anteroposterior excesivo del encéfalo dentro del cráneo. Este trastorno, que es mucho más frecuente que la hemorragia por ruptura de la arteria meníngea media, puede ser producido por un golpe súbito de menor intensidad. Una vez que la vena se desgarró comienza a acumularse sangre con baja presión en el espacio virtual entre la duramadre y la aracnoides. En algunos pacientes la afección es bilateral.

Existen formas agudas y crónicas del trastorno clínico y el hecho de que se produzca una o la otra depende de la velocidad de acumulación del líquido en el espacio subdural. Por ejemplo, si el paciente comienza a vomitar la presión venosa se eleva como resultado de un aumento de la presión intratorácica. En estas circunstancias el coágulo subdural puede aumentar de’ tamaño rápidamente y producir síntomas agudos. En la forma crónica, en un lapso de varios meses el pequeño coágulo sanguíneo puede atraer líquido por osmosis, de modo que se forma un quiste hemorrágico que crece gradualmente hasta producir síntomas de compresión. En ambas formas el coágulo debe eliminarse a través de orificios efectuados con trépano en el cráneo.



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